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Gwythno, como otros reyes, consideraba el gobierno una materia demasiado ligera para colmar la disponibilidad de su tiempo o la de su cabeza, y los dedicaba a empeños más sólidos como el arpa y el canto -sin olvidar los banquetes en los que era glorioso, ni la caza, en la que era poderoso-. Sus varios empeños componían una tríada armoniosa. La caza llevaba a la sana alegría del banquete y al sano apetito que lo consumía, el banquete inspiraba la canción y la canción alegraba el banquete y celebraba la caza.
Las desventuras de Elfin es un viaje irónico y poético a la historia legendaria de Gran Bretaña. Peacock ensambla varias leyendas galesas situadas en el siglo VI de nuestra era, cuando la población britana, romanizada y cristianizada, aunque fiel aún a su druidismo original, había sido arrinconada por los invasores sajones en las montañas de Gales.
Peacock recrea la poesía bárdica y describe la antigua cultura céltica pagana, a la que evalúa frente a la cultura cristiano-romana y frente a la de la Inglaterra del siglo XIX, poniendo en cuestión los supuestos beneficios del progreso material y dudando de que el progreso político-moral se haya producido alguna vez. Esto lo hace sin perder nunca de vista la voluntad de divertir al lector con su humor y fina ironía. La novela es también una sátira política, una alegoría de los males que podría acarrear a la Inglaterra de su tiempo el empeño de los poderes conservadores en negar las reformas políticas que exigían desde décadas atrás amplias capas de la población. Una buena parábola es intemporal y la parábola de la destrucción del reino de Gwaelod se aplica sorprendentemente bien al mundo actual.
T. L. Peacock (1786-1866) demostró en sus siete novelas ser un autor de la estirpe de Aristófanes, Rabelais, Sterne y Swift. Su poesía temprana le valió la amistad del poeta P. B. Shelley, pero sus novelas merecieron también la admiración de Byron, Virginia Woolf, Aldous Huxley (que le utilizó como modelo en sus primeras novelas), Robertson Davies (otro discípulo) o Alberto Manguel.
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