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En Cádiz se me ocurrió hablarle a una mujer de un almanaque, que estaba colgado detrás de la puerta del dormitorio de un primo mío.Cuando salgo a dar el paseo por las mañanas de los sábados y domingos, con la luz del alba haciendo replegarse sobre si misma a la negrura de la noche, mientas va creando edificios, plazoletas, árboles y con las calles despertando lentamente, lentitud que hace que me pueda llenar de ellas, que pueda compartir mi soledad con alguna que otra persona aislada, que pueda llenarme de su silencio lleno de susurros roto solamente por ese despistado coche, que muy de vez en cuando pasa con prisas, que me impregne de su luminosidad donde las farolas parecen querer pasar desapercibidas.Con caminar lento, arropado por el sonido de mis pasos, con mis pensamientos, con mis recuerdos, y con una extraña sensación de no ser yo sino alguien que me conoce muy íntimamente y que está recreando mis paseos dándome vida en su recuerdo, doy el paseo que tanto supone para mí para terminar en la misma cafetería de siempre, y en mi mesa, la tercera a la izquierda bajo un gran poste de la Plaza de España, junto con mis amigos un tanto extraños, la tacita de café con sus aromáticas espírales, el altivo vaso de agua con sus concéntricos círculos, el desprendido bolígrafo que deja algo de si en su recorrer el blanco folio materializando mis pensamientos y las gafas en su privilegiada atalaya, es cuando se hace presente esa mujer del almanaque que ya es mía, cuando tengo mis encuentros con ella, cuando me salgo de mi mundo y sacándola del suyo, de su almanaque, formamos nuestro mundo un tanto ficticio e imaginado... ¿ o será al revés?, sí, he dicho que en esos paseos y en esa cafetería vivo un mundo ficticio e imaginado pero, ¿por qué no va a ser ficticio e imaginado ese mundo en el que me desenvuelvo cuando no paseo y el real sea el de mis paseos y el de la cafetería?Ya estoy como siempre, con dos mundos que corren paralelamente y a la vez son de lo más opuestos y yo, saltando de uno a otro sin parar, pensando en que el real es el que vivo en el instante y el imaginado es el otro sin ser capaz de tomar conciencia de que uno solo, solo uno, o el de con la mujer del almanaque o el de sin ella, es solamente el real.
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